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Libro esotérico

Planos astrales y mundos espirituales: un recorrido por el más allá, Marduk y la Transcomunicación Instrumental

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Resumen del Libro aquí:

¿Qué ocurriría si la muerte no fuera entendida como el final de la experiencia consciente, sino como un cambio de frecuencia?

Dentro de diferentes corrientes espirituales y esotéricas, el concepto del plano astral ha sido utilizado para describir una dimensión de existencia distinta del mundo físico. Sin embargo, algunos textos llevan esta idea mucho más lejos y presentan el más allá como una estructura extraordinariamente compleja formada por múltiples niveles, comunidades y estados de conciencia.

The Astral Planes and Other Worlds of Spirit, de Marc Macy, propone precisamente uno de estos modelos.

El texto, fechado originalmente en 1995, describe los llamados reinos espirituales como dimensiones que existirían simultáneamente en un mismo espacio pero que se diferenciarían entre sí por la densidad y la frecuencia vibratoria de aquello que contienen. Dentro de este marco, el mundo físico sería simplemente uno de esos niveles.

Pero la propuesta no termina allí.

El documento habla de planos astrales inferiores, medios y superiores; de mundos donde el pensamiento tendría la capacidad de modificar el entorno; de comunidades habitadas por personas fallecidas; de un planeta llamado Marduk; y hasta de estaciones desde las que, según el texto, determinados seres intentarían comunicarse tecnológicamente con nuestro mundo.

Es importante establecer desde el principio que estamos ante un modelo espiritual y esotérico. Las afirmaciones extraordinarias que aparecen en el documento sobre el más allá, Marduk y la Transcomunicación Instrumental no están establecidas como hechos por la ciencia.

Entendido desde ese contexto, el texto ofrece un fascinante sistema para explorar algunas de las preguntas más antiguas de la humanidad:

¿qué ocurre después de la muerte?, ¿seguiría existiendo nuestra conciencia?, ¿habría diferentes estados de existencia?, ¿y podría existir algún tipo de comunicación entre esos estados y nuestro mundo?

Un universo dividido por frecuencias

Una de las ideas centrales del documento es que los mundos espirituales podrían entenderse como diferentes frecuencias de una misma realidad.

En lugar de imaginar el más allá como un único lugar distante, el texto propone dimensiones que se interpenetran y existirían simultáneamente.

La comparación resulta relativamente sencilla de visualizar.

Podemos pensar en distintas frecuencias de radio coexistiendo en un mismo espacio. Todas se encuentran presentes, pero un receptor únicamente accede a aquella frecuencia con la que está sintonizado.

El documento aplica una lógica semejante al mundo espiritual.

Según esta concepción, después de abandonar el cuerpo físico la conciencia continuaría existiendo mediante un cuerpo astral, cuya frecuencia determinaría el plano con el que resulta compatible.

Así, el destino después de la muerte no dependería únicamente de un lugar hacia el cual alguien es enviado.

Dependería de una correspondencia.

Una frecuencia atraería hacia otra frecuencia semejante.

¿Qué determinaría nuestra frecuencia espiritual?

Aquí aparece uno de los componentes más interesantes del modelo.

El texto relaciona el nivel vibratorio con la manera en que vivimos.

Pensamientos, actitudes y comprensión espiritual contribuirían a establecer nuestra frecuencia. Estados como el miedo, el resentimiento o el apego producirían, según esta perspectiva, vibraciones bajas; mientras que el amor y un estado de desapego tranquilo estarían asociados con frecuencias más elevadas.

El planteamiento transforma la idea tradicional del destino después de la muerte.

No existiría simplemente un juez externo asignando arbitrariamente un lugar.

La propia conciencia habría estado, durante toda la vida, sintonizándose con un determinado estado de existencia.

Desde luego, esta idea pertenece al marco espiritual planteado por el documento. Pero incluso leída simbólicamente contiene una pregunta interesante:

¿hasta qué punto aquello que cultivamos mentalmente termina construyendo el mundo que experimentamos?

Planos astrales inferiores: confusión y apego

El documento divide el mundo astral en diferentes niveles y comienza describiendo los llamados planos inferiores.

Dentro de su cosmología, estas regiones estarían relacionadas con frecuencias más densas y estados dominados por el miedo, el resentimiento, el apego y la confusión.

Algunas almas, afirma el texto, podrían permanecer cerca del mundo físico sin comprender siquiera que han muerto.

La ausencia de una percepción convencional del tiempo haría posible, dentro de este modelo, que esa situación se prolongara durante largos periodos.

Aparece también una idea especialmente llamativa: el duelo extremadamente intenso de quienes permanecen vivos podría actuar como una especie de vínculo que dificulta el proceso de adaptación de la persona fallecida.

El propio documento presenta el dolor ante la pérdida como algo natural, pero considera que una concentración excesiva y prolongada sobre la persona fallecida podría interferir con su transición.

Más allá de aceptar o no esta cosmología literalmente, aparece aquí un tema recurrente en muchas tradiciones espirituales:

la dificultad de soltar.

Los planos medios: la gran zona de transición

Entre las dimensiones inferiores y los estados espirituales más elevados, el documento coloca los planos astrales medios.

Y es aquí donde la descripción adquiere un nivel de detalle sorprendente.

Estas regiones funcionarían como una especie de espacio de recuperación después de la experiencia terrestre.

Según el texto, una gran parte de las personas llegaría inicialmente a este nivel.

A diferencia de las imágenes abstractas que suelen asociarse con el más allá, los planos medios son descritos como lugares increíblemente familiares.

Existen casas.

Paisajes.

Bosques.

Ríos.

Montañas.

Comunidades.

Salones de reuniones.

Incluso espacios destinados al aprendizaje.

La diferencia fundamental sería que la materia ya no obedecería exactamente las mismas reglas que conocemos.

Cuando el pensamiento puede modificar la realidad

En estos planos, según Macy, el pensamiento tendría una capacidad creativa mucho mayor.

Una persona podría encontrarse viviendo en una casa semejante a la que conocía en la Tierra o elegir entornos completamente diferentes.

Algunos habitantes preferirían estructuras sencillas y paisajes naturales. Otros vivirían en mansiones, fortalezas o espacios acordes con sus preferencias.

Las comunidades también se formarían mediante afinidad.

Personas compatibles mental y espiritualmente tenderían a reunirse.

La arquitectura y los objetos, por tanto, dejarían de depender exclusivamente de procesos físicos para convertirse en expresiones de la conciencia.

Es una de las ideas fundamentales de toda la obra:

el mundo exterior comenzaría a reflejar de manera mucho más inmediata el mundo interior.

Un cuerpo que ya no necesita sobrevivir

Las diferencias también afectarían al propio cuerpo astral.

Según el documento, en estos mundos no existirían muchas de las necesidades que dominan nuestra vida física.

No sería necesario dormir durante horas.

El cuerpo no necesitaría protegerse del frío o del calor.

La nutrición se obtendría directamente del entorno.

Las heridas podrían repararse rápidamente mediante la voluntad.

Tampoco existiría la reproducción biológica tal como la conocemos.

Curiosamente, el texto distingue entre necesidad y placer.

Que comer deje de ser necesario no significaría que una persona no pueda hacerlo. Quienes disfrutaron de determinados placeres durante la vida podrían continuar recreándolos.

Esto convierte al plano astral medio en algo bastante diferente de la imagen tradicional de un paraíso inmóvil.

Según la obra, seguiría existiendo actividad.

Aprendizaje.

Relaciones.

Exploración.

Y evolución.

Marduk: un mundo astral con tres soles

Después aparece uno de los elementos más peculiares de todo el documento:

Marduk.

El texto describe este supuesto mundo como uno de los escenarios pertenecientes a los planos astrales medios.

Lejos de presentarlo como un espacio nebuloso o puramente abstracto, la descripción intenta otorgarle características extremadamente concretas.

Marduk estaría iluminado por tres soles.

Uno sería su estrella principal, mientras que otras dos estrellas cercanas aportarían luz adicional. Como consecuencia, la oscuridad absoluta prácticamente no existiría.

Su clima sería templado y semejante a una primavera permanente.

Los paisajes incluirían árboles, flores, montañas, praderas y ríos, pero serían percibidos como más bellos y espectaculares que sus equivalentes terrestres.

El texto llega incluso a describir precipitaciones extraordinarias, como copos semejantes a nieve luminosa y gotas de múltiples colores.

Estamos, nuevamente, ante afirmaciones pertenecientes a la cosmología esotérica del documento, no ante observaciones astronómicas verificadas.

Pero la precisión con la que el relato construye este mundo es justamente una de sus características más fascinantes.

El Río de la Eternidad

Uno de los elementos centrales de Marduk sería el llamado Río de la Eternidad.

Según la descripción del texto, este gigantesco río atravesaría el planeta y alrededor de sus orillas existirían comunidades y viviendas.

La obra atribuye al río dimensiones colosales y lo convierte prácticamente en una columna vertebral geográfica para este mundo.

Pero el Río de la Eternidad no funciona solamente como una curiosidad paisajística.

Alrededor de él se organiza parte de la vida de quienes, según el documento, habitarían allí.

El más allá adquiere así una geografía.

Ya no tenemos simplemente “otro plano”.

Tenemos paisajes, regiones, comunidades y puntos de referencia.

¿Qué edad tendríamos después de morir?

Otra afirmación curiosa se relaciona con la apariencia de sus habitantes.

Según el documento, quienes llegan a estos planos conservarían inicialmente características relacionadas con su estado psicológico y emocional al morir.

Sin embargo, esta apariencia podría transformarse.

Los niños crecerían.

Los adultos mayores rejuvenecerían.

Con el tiempo, los habitantes tenderían hacia una apariencia física equivalente aproximadamente a la de un adulto joven.

Esto refuerza otra característica del modelo: la forma astral no sería fija.

El cuerpo dejaría de ser entendido como una estructura biológica inmutable y pasaría a responder de manera más directa al estado de conciencia de quien lo habita.

Los planos superiores: cuando la individualidad comienza a cambiar

Más allá de los planos medios aparecerían dimensiones de frecuencia todavía mayor.

El documento las relaciona con estados de amor, sabiduría e inspiración.

A medida que un ser ascendiera, su cuerpo astral se volvería progresivamente más sutil hasta terminar siendo descrito como una masa luminosa de energía.

Aquí comienza a desaparecer la imagen antropomórfica de la vida después de la muerte.

Cuanto más elevada es la frecuencia, menos se parecería la existencia a nuestra experiencia física.

La obra incluso propone que algunas grandes inspiraciones artísticas, espirituales o técnicas recibidas en la Tierra podrían tener su origen en estos niveles.

Una vez más, estamos ante una interpretación esotérica, pero resulta coherente con la lógica interna que recorre todo el documento:

a mayor frecuencia, menor densidad y mayor sutileza.

TimeStream: una estación entre dos mundos

Y entonces el texto introduce uno de sus conceptos más extraordinarios.

En Marduk existiría una estación denominada TimeStream, cuyo propósito sería establecer comunicaciones con nuestro mundo.

Aquí es donde el relato sobre los planos astrales se conecta directamente con la llamada Transcomunicación Instrumental.

La propuesta consiste en que determinadas inteligencias del mundo espiritual podrían utilizar medios tecnológicos para enviar información hacia la Tierra.

No únicamente intuiciones.

También voces.

Textos.

E incluso imágenes.

¿Qué es la Transcomunicación Instrumental?

La Transcomunicación Instrumental, conocida por las siglas TCI, hace referencia dentro de este material al intento de recibir supuestos mensajes de entidades o personas fallecidas utilizando dispositivos tecnológicos.

Radios.

Grabadoras.

Teléfonos.

Televisores.

Computadoras.

El documento afirma que determinados investigadores habrían intentado establecer comunicaciones utilizando estos medios.

También sostiene que existirían dificultades debido a la diferencia entre nuestra realidad física y los supuestos niveles más sutiles.

Por ello, dentro del modelo presentado, la calidad de una comunicación no dependería exclusivamente de la tecnología.

También importaría el estado mental y espiritual del receptor.

Es una afirmación extraordinaria y debe entenderse como tal: no existe consenso científico que establezca la TCI como un método demostrado de comunicación con personas fallecidas o entidades de otras dimensiones.

Su interés aquí reside en estudiar el sistema de ideas que presenta el documento y las preguntas que genera.

¿Y si incluso el plano astral fuera una ilusión?

Después de construir mundos, ciudades, cuerpos y sistemas de comunicación con enorme detalle, el texto introduce un giro filosófico particularmente interesante.

Todo aquello podría seguir sin representar la realidad última.

La obra recoge una perspectiva presente en diferentes tradiciones místicas: incluso los mundos espirituales aparentemente sólidos podrían continuar siendo niveles construidos o transitorios frente a una realidad absoluta.

Los habitantes avanzarían desde los planos medios hacia niveles progresivamente más sutiles.

Finalmente, incluso el cuerpo astral desaparecería.

Después también lo harían otras formas de individualidad.

La existencia se aproximaría progresivamente a aquello que el texto denomina la Fuente Cósmica.

De pronto, el objetivo deja de ser simplemente descubrir “cómo es el cielo”.

La pregunta se vuelve mucho más profunda:

¿qué entendemos realmente por realidad?

El plano astral como espejo de la conciencia

Quizá la idea más poderosa de The Astral Planes and Other Worlds of Spirit no sea Marduk, sus tres soles o la posibilidad de recibir mensajes mediante aparatos electrónicos.

Es una idea mucho más sencilla.

La conciencia determina la experiencia.

Dentro del sistema descrito, nuestros pensamientos y actitudes no desaparecen cuando dejamos el cuerpo.

Se convierten precisamente en aquello que determina qué clase de realidad somos capaces de experimentar.

El miedo conduce hacia determinados estados.

El apego hacia otros.

La afinidad reúne a unas personas con otras.

Y el desarrollo de la conciencia permitiría acceder a niveles progresivamente más sutiles.

Podemos interpretar todo ello literalmente como una cosmología espiritual o leerlo simbólicamente como una reflexión sobre nuestra vida presente.

En ambos casos surge una pregunta inevitable.

Si nuestro mundo interior condiciona la realidad que somos capaces de experimentar…

¿qué clase de mundo estamos construyendo con nuestra conciencia ahora mismo?

Tal vez ahí se encuentre la pregunta más interesante que deja este recorrido por los planos astrales.

No únicamente qué podría esperarnos después de morir.

Sino qué estamos haciendo con nuestra conciencia antes de que llegue ese momento.

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