Skip to content
Libro esotérico

Mitología japonesa: el nacimiento de Japón y los dioses que dieron forma al mundo

Puedes descargar el Libro Completo en el siguiente enlace:

👉 TOCA AQUÍ PARA DESCARGAR EL LIBRO 👈

Ver un Video Resumen del Libro aquí:

https://youtu.be/-g-2FAJbBS0

Resumen del Libro aquí:

Antes de convertirse en el Japón de templos, ciudades y tradiciones que conocemos actualmente, existió otro Japón.

Uno nacido entre el cielo y el océano.

La mitología japonesa conserva una extraordinaria colección de relatos mediante los cuales las antiguas tradiciones intentaron explicar el nacimiento de las islas, el origen de algunas de sus principales divinidades e incluso fenómenos universales como la muerte, la luz y la oscuridad.

En ellos aparecen algunos de los nombres más importantes de la tradición mitológica japonesa: Izanagi, Izanami, Amaterasu, Tsukiyomi y Susano.

Pero sus historias están lejos de presentar un universo tranquilo y perfecto.

La creación de Japón está llena de errores, tragedias, conflictos familiares y fuerzas divinas que parecen experimentar pasiones sorprendentemente humanas.

Izanagi e Izanami: el nacimiento mitológico de Japón

Según el relato recogido en Cultura Japonesa – Mitología Japonesa, después de la formación del cielo y de la Tierra aparecieron diferentes divinidades. Entre las últimas se encontraban Izanagi e Izanami, quienes recibieron el encargo de formar las islas japonesas.

Para cumplir su misión utilizaron una jabalina adornada con piedras preciosas.

La introdujeron en el mar inferior y agitaron sus aguas. Cuando retiraron la jabalina, las gotas que cayeron desde su punta formaron Onokoro, la primera isla del relato.

Allí levantaron el Pilar Celestial e iniciaron un ritual matrimonial con el propósito de continuar la creación.

El primer intento, sin embargo, salió mal.

Tras consultar a los demás dioses, Izanagi e Izanami repitieron el ritual de acuerdo con las indicaciones recibidas. A partir de entonces comenzaron a surgir las islas de Japón y diferentes divinidades asociadas con elementos de la naturaleza, como el viento, los árboles, los ríos y las montañas.

El mundo estaba tomando forma.

Hasta que la creación produjo también la muerte.

Izanami y el viaje al mundo de los muertos

El nacimiento del dios del fuego provocó heridas mortales a Izanami.

Desesperado por su pérdida, Izanagi decidió seguirla hasta Yomi, la región de los muertos.

Pero cuando finalmente la encontró era demasiado tarde: Izanami ya había comido allí y su regreso al mundo de los vivos se había vuelto imposible. Ella pidió a Izanagi que esperara mientras intentaba encontrar una solución y le prohibió contemplarla.

Izanagi desobedeció.

Al iluminar la oscuridad descubrió el cuerpo de Izanami en descomposición y huyó horrorizado. Ella, enfurecida, envió tras él a las criaturas de Yomi. Durante la persecución, Izanagi consiguió alejarlas incluso utilizando tres melocotones antes de alcanzar finalmente la frontera entre ambos mundos.

Una enorme roca terminó separando definitivamente a los dos dioses.

Entonces aparece uno de los pasajes más poderosos del relato: Izanami declara que provocará la muerte de mil personas cada día, mientras Izanagi responde que hará nacer a mil quinientas.

Su separación representa así el comienzo mitológico de la mortalidad.

Del inframundo nacen el Sol, la Luna y la tormenta

Después de abandonar Yomi, Izanagi necesitaba purificarse de la contaminación adquirida en el mundo de los muertos.

Durante este proceso comenzaron a surgir nuevas deidades.

El momento culminante llegó al lavar su rostro: el relato sitúa aquí el nacimiento de Amaterasu, asociada con el Sol; Tsukiyomi, con la Luna; y Susano, con la tormenta.

Izanagi repartió entonces diferentes dominios entre ellos.

Amaterasu recibió el cielo; Tsukiyomi, la noche; y Susano, los mares.

Sin embargo, Susano se negó a aceptar tranquilamente su destino.

Y ese conflicto desencadenaría otro de los grandes episodios de la mitología japonesa.

Amaterasu y Susano: cuando desapareció el Sol

La relación entre Amaterasu y Susano terminó deteriorándose hasta convertirse en abierta enemistad.

Susano destruyó campos de arroz, bloqueó canales de irrigación y profanó el espacio destinado al festival de la cosecha. Finalmente, arrojó un caballo desollado al lugar donde Amaterasu y sus ayudantes se encontraban tejiendo. Una de ellas murió accidentalmente como consecuencia del impacto de aquel acto.

Amaterasu se refugió entonces dentro de una cueva y bloqueó su entrada.

Sin la diosa del Sol, el mundo quedó sumido en la oscuridad y el caos.

Ochocientas deidades se reunieron para encontrar una solución. En lugar de intentar sacar a Amaterasu mediante la fuerza, decidieron despertar su curiosidad.

Prepararon joyas y ofrendas, encendieron fuego, tocaron tambores y colocaron un espejo frente a la cueva. La diosa Ame-no-Uzume comenzó entonces una danza que provocó las carcajadas de los presentes.

Intrigada por lo que ocurría afuera, Amaterasu decidió asomarse.

Al salir vio su propio reflejo en el espejo. En ese instante fue sacada de su escondite y la entrada quedó bloqueada para impedir que volviera a ocultarse.

La luz regresó al mundo y, según el relato, comenzó el ciclo normal del día y de la noche.

Los kami: un mundo lleno de presencias

Estos relatos muestran una característica fundamental del universo mitológico presentado en el libro: los grandes dioses no están solos.

Junto a las divinidades solares, lunares o relacionadas con las fuerzas naturales existe una multitud de espíritus y entidades menores.

El texto concluye precisamente destacando la presencia de los kami y su convivencia con figuras procedentes de otras tradiciones, incluidos budas y bodhisattvas.

Esta coexistencia convierte a la mitología japonesa en un universo especialmente rico: distintas tradiciones, relatos y figuras espirituales han podido encontrarse y convivir a lo largo de su historia cultural.

Los mitos como una forma de comprender Japón

El verdadero interés de estas historias no reside únicamente en descubrir aventuras protagonizadas por dioses.

Sus relatos hablan también de creación y destrucción, pureza e impureza, vida y muerte, luz y oscuridad, naturaleza y orden.

Izanagi crea y posteriormente desciende al mundo de los muertos. Izanami participa en el nacimiento de Japón y termina vinculada con la muerte. Amaterasu proporciona luz, pero también puede retirarla. Susano representa una fuerza capaz de romper el orden establecido.

Los dioses son poderosos, pero no necesariamente perfectos.

Y quizá sea precisamente esa complejidad lo que hace que estos relatos continúen resultando fascinantes.

Adentrarse en Cultura Japonesa – Mitología Japonesa permite descubrir una dimensión de Japón que muchas veces queda oculta detrás de sus manifestaciones culturales más conocidas: un mundo antiguo poblado por dioses, espíritus y relatos que intentaron explicar por qué el universo funciona como lo hace.

Conocer esos mitos es, también, abrir otra puerta para comprender la cultura que los conservó.