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¿Puede una cámara fotografiar algo que nuestros ojos normalmente no pueden ver?
Durante siglos, diferentes tradiciones espirituales han utilizado conceptos como aura, energía vital o campos sutiles para describir una supuesta dimensión energética asociada con los seres vivos.
Sin embargo, a finales del siglo XX ocurrió algo particularmente interesante.
Algunos experimentadores comenzaron a preguntarse si aquellas ideas podían trasladarse del terreno espiritual al tecnológico.
¿Y si el aura pudiera detectarse?
¿Y si pudiera medirse?
¿Y si una computadora pudiera convertirla en una imagen?
En 1992 circuló a través de KeelyNet, un antiguo sistema BBS anterior a la Web moderna, un documento titulado A New Technique for Viewing the Aura.
El archivo había sido patrocinado por Vanguard Sciences y describía los experimentos de Chuck Shramek, un locutor de radio de Houston interesado desde hacía décadas en electrónica, radio y fenómenos energéticos. a_new_technique_for_viewing_the…
Lo extraordinario no era solamente aquello que afirmaba haber conseguido.
Era la combinación de elementos que aparecían en su historia.
Las pirámides de Egipto.
La energía orgónica de Wilhelm Reich.
Bobinas de Tesla.
Cámaras CCD.
Microondas.
Computadoras.
Chakras.
Proyección astral.
Y la posibilidad de fotografiar aquello que supuestamente abandona el cuerpo en el instante de la muerte.
Una mezcla que parece escrita para una novela de ciencia ficción.
Pero el documento existe y está fechado el 4 de julio de 1992. a_new_technique_for_viewing_the…
Conviene establecer algo desde el comienzo: las afirmaciones sobre energía orgónica, auras fotografiables y aplicaciones médicas o paranormales presentadas en este documento no deben confundirse con conocimientos científicos establecidos.
El propio archivo reconoce al final que el trabajo necesitaba mucha más verificación. a_new_technique_for_viewing_the…
Entendido como documento histórico de la cultura tecnológica y paranormal de principios de los años 90, sin embargo, resulta fascinante.
Porque nos permite observar un momento en el que nuevas herramientas digitales parecían abrir la posibilidad de hacer visible prácticamente cualquier cosa.
Incluso aquello que durante siglos había pertenecido al mundo de lo invisible.
Todo comenzó con las pirámides
Curiosamente, la historia del supuesto visor de auras no comenzó intentando fotografiar personas.
Comenzó con Egipto.
Según relata Shramek, a mediados de la década de 1970 recibió el encargo de diseñar un aparato que pudiera utilizarse para localizar el legendario Salón de los Registros, presuntamente asociado con el complejo de las grandes pirámides de Giza.
Un arqueólogo aficionado de Omaha afirmaba haber traducido antiguos documentos egipcios.
Según aquella interpretación, el Salón de los Registros contendría información relacionada con secretos perdidos sobre la construcción de las pirámides.
Pero había un detalle todavía más peculiar.
El lugar, supuestamente, podría encontrarse gracias a una determinada emisión energética que alcanzaría la superficie.
El viaje a Egipto finalmente no consiguió el financiamiento necesario.
Pero el problema técnico ya había sido planteado:
¿cómo detectar una energía invisible?
Wilhelm Reich y la energía orgónica
Para Shramek, la descripción de aquella supuesta energía egipcia guardaba semejanzas con otro concepto que ya conocía.
El orgón.
Wilhelm Reich había utilizado este término para describir una hipotética energía vital universal.
Dentro del documento de 1992, esta idea aparece reinterpretada como una especie de bioenergía presente alrededor de los organismos vivos. a_new_technique_for_viewing_the…
El texto utiliza una metáfora especialmente visual.
La luz ordinaria sería comparable con las ondas que vemos sobre la superficie del agua.
El orgón, en cambio, sería semejante a las corrientes invisibles que se desplazan debajo.
La analogía permitía imaginar una energía presente en el entorno aunque nuestros sentidos no pudieran detectarla directamente.
Desde la perspectiva científica contemporánea, la energía orgónica no constituye una forma de energía establecida por la física.
Pero dentro de la historia de este dispositivo, se convirtió en la hipótesis alrededor de la cual comenzó a desarrollarse la tecnología.
El primer detector
Shramek afirma haber construido diferentes aparatos destinados a detectar esa supuesta energía.
A diferencia de los instrumentos utilizados décadas antes por Reich, podía trabajar con componentes electrónicos más recientes, como los transistores de efecto de campo o FET.
Según su relato, consiguió fabricar pequeños detectores capaces de registrar aquello que interpretaba como energía orgónica a varios metros de distancia.
La expedición egipcia nunca ocurrió.
Y aquellos dispositivos quedaron durante un tiempo relegados prácticamente a una curiosidad personal.
Hasta que la tecnología cambió.
Las computadoras se hicieron más accesibles.
El procesamiento de imágenes comenzó a desarrollarse rápidamente.
Y apareció un componente fundamental para la historia:
las cámaras CCD.
De detectar energía a intentar fotografiarla
Los dispositivos CCD —charge-coupled devices— hicieron posible una nueva generación de cámaras electrónicas.
Para Shramek, aquello abría una posibilidad fascinante.
Ya no bastaba con que un instrumento indicara la supuesta presencia de un campo.
Ahora quizá fuera posible convertirlo en una imagen.
El documento explica que el sistema combinaba técnicas de procesamiento informático, detectores CCD y dispositivos de inducción de alta frecuencia y alto voltaje inspirados en tecnologías desarrolladas desde tiempos de Tesla.
El propio autor afirma que las primeras imágenes eran rudimentarias.
Pero progresivamente habrían mejorado.
Hasta llegar a aquello que describía como imágenes del aura. a_new_technique_for_viewing_the…
El primer problema: obtener una imagen era lentísimo
Antes de llegar a su sistema más avanzado, los experimentos eran extremadamente rudimentarios.
El documento describe un procedimiento basado en desplazar un detector individual siguiendo una cuadrícula en los ejes X e Y.
En cada punto se registraba la intensidad de aquello que consideraban el campo energético.
Después, todos esos valores se utilizaban para construir una imagen bidimensional.
El inconveniente era evidente.
La persona debía permanecer prácticamente inmóvil durante al menos una hora.
Y después de todo ese esfuerzo, la imagen obtenida seguía siendo de muy baja resolución. a_new_technique_for_viewing_the…
La solución posterior sería radicalmente diferente.
Una placa metálica, una bobina de Tesla y una cámara especial
La versión descrita en el documento de 1992 utilizaba un procedimiento mucho más elaborado.
El sujeto debía colocarse sobre una placa metálica.
La placa estaba conectada a una bobina de Tesla.
El sistema aplicaría un rango variable de frecuencias de microondas de bajo nivel que, según el documento, estimularían el supuesto campo energético del cuerpo.
Entonces entraba en acción una cámara CCD especial.
El texto afirma que este detector podía ajustarse para responder a diferentes frecuencias comprendidas entre las microondas y el infrarrojo bajo. a_new_technique_for_viewing_the…
La idea era convertir aquello que normalmente permanecería invisible en información susceptible de ser representada visualmente.
Pero había un detalle fundamental.
La famosa imagen del aura era en realidad una composición
Esta es probablemente una de las partes más interesantes del documento.
Las imágenes donde aparecía simultáneamente una persona y su supuesto campo energético no procedían directamente de una única cámara.
El propio archivo lo explica.
El detector CCD utilizado para registrar el supuesto campo no captaba simultáneamente la imagen visible del cuerpo.
El resultado original mostraría únicamente aquello interpretado como aura y chakras suspendidos en el espacio.
Para obtener la fotografía final, se utilizaba una segunda cámara.
Una cámara de video convencional registraba al sujeto.
Después, mediante computadora, la imagen visible de la persona era superpuesta con la imagen atribuida al campo energético.
El resultado era una composición. a_new_technique_for_viewing_the…
Este detalle es importante porque permite comprender mucho mejor qué afirmaban realmente haber construido.
No era simplemente una cámara convencional fotografiando colores alrededor del cuerpo.
Era un sistema de adquisición y procesamiento compuesto por diferentes fuentes visuales.
¿Podían verse los siete chakras?
Según Shramek, sí.
El documento afirma que el sistema llegó a producir imágenes a todo color de los siete chakras, descritos allí como vórtices energéticos distribuidos desde la base de la columna vertebral hasta la parte superior de la cabeza.
También sostiene que el tiempo de exposición se había reducido considerablemente.
Las imágenes podían obtenerse en menos de 15 segundos. a_new_technique_for_viewing_the…
Naturalmente, que el documento interprete determinadas señales como chakras no demuestra que efectivamente lo fueran.
Pero la afirmación nos muestra hasta dónde llegaban las expectativas depositadas en aquella tecnología.
No pretendían simplemente registrar un fenómeno electromagnético extraño.
Intentaban construir una herramienta capaz de traducir conceptos procedentes de tradiciones espirituales a imágenes digitales.
El experimento de proyección astral
Entre las fotografías descritas aparece un experimento todavía más llamativo.
Una mujer intentó realizar lo que el documento denomina proyección astral mientras era registrada por el sistema.
Según Shramek, el aura habría aparecido desplazada respecto de su posición habitual alrededor del cuerpo.
Después del experimento, la mujer habría descrito una sensación de encontrarse fuera de sí misma, aunque no demasiado lejos.
El texto presenta ambos acontecimientos como relacionados. a_new_technique_for_viewing_the…
De nuevo, estamos ante el relato del documento y no ante evidencia científica de que se hubiera registrado una separación de la conciencia respecto del cuerpo.
Sin embargo, como historia de experimentación paranormal, resulta especialmente revelador.
Porque muestra que el objetivo del aparato ya había superado la simple visualización del aura.
Sus responsables comenzaban a utilizarlo para explorar algunas de las grandes preguntas de la experiencia humana.
Las misteriosas esferas luminosas
Los experimentos también produjeron resultados que sus propios autores no parecían saber interpretar.
En algunas exposiciones aparecían puntos o esferas luminosas.
El documento admite explícitamente que Shramek no había determinado qué eran.
Este pequeño detalle resulta especialmente interesante.
Dentro de un texto cargado de interpretaciones extraordinarias, encontramos también momentos donde el autor simplemente reconoce:
no sabemos qué estamos viendo.
Las exposiciones seguían requiriendo aproximadamente 15 segundos, por lo que todavía existía una enorme distancia entre aquellas imágenes estáticas y el sueño de producir un verdadero sistema de video en tiempo real. a_new_technique_for_viewing_the…
¿Podía el aparato modificar el aura?
La historia se vuelve todavía más peculiar.
Shramek no solamente estaba interesado en registrar el supuesto campo.
También comenzó a experimentar con maneras de “mejorarlo” o intensificarlo.
El documento menciona el caso de un amigo suyo llamado Leon, identificado como maestro de Reiki.
Se habrían obtenido fotografías antes y después de un procedimiento de intensificación.
Posteriormente, Leon habría informado de un notable aumento en sus capacidades de sanación durante varios días.
El documento presenta esto como un testimonio personal, no como un ensayo clínico ni como una demostración médica. a_new_technique_for_viewing_the…
La distinción es esencial.
Porque a partir de aquí las posibles aplicaciones imaginadas por Vanguard Sciences se vuelven muchísimo más ambiciosas.
¿Un sistema para detectar enfermedades antes de que aparezcan?
Si realmente pudiera visualizarse un supuesto campo energético humano, razonaban sus promotores, quizá también podrían detectarse irregularidades.
El documento especula con la posibilidad de que determinados desequilibrios energéticos aparecieran antes de que una enfermedad se manifestara físicamente.
Un sistema de imagen permitiría entonces localizar esas regiones y observar los posibles efectos de técnicas como la acupuntura.
La propuesta era enormemente atractiva:
convertir el aura en una herramienta diagnóstica.
Pero precisamente aquí debemos distinguir con especial cuidado entre posibilidad imaginada y capacidad demostrada.
El propio texto habla de aquello que sus autores y colaboradores creían que una técnica reproducible de detección del aura podría llegar a conseguir. No presenta ensayos clínicos que demuestren esas aplicaciones diagnósticas. a_new_technique_for_viewing_the…
De la medicina al estudio de la muerte
Y después aparece la aplicación más extraordinaria de todas.
¿Qué ocurriría si el aparato registrara a una persona precisamente en el momento de morir?
Uno de los participantes sugirió utilizar la tecnología para intentar fotografiar aquello que pudiera abandonar el cuerpo.
La implicación era enorme.
Si una imagen registrara algún fenómeno desconocido en ese momento, sus autores imaginaban que podría abrir nuevas investigaciones sobre la muerte, la supervivencia de la conciencia e incluso la posibilidad de comunicarse con entidades incorpóreas. a_new_technique_for_viewing_the…
En cierto sentido, toda la historia desemboca aquí.
Un proyecto que supuestamente comenzó intentando localizar una cámara perdida bajo las pirámides terminó aspirando a desarrollar una herramienta para investigar una de las preguntas más antiguas de la humanidad:
¿hay algo en nosotros que continúa después de la muerte?
Cuando la computadora parecía capaz de demostrar lo invisible
Hay otro elemento que hace que este documento resulte especialmente fascinante más de treinta años después.
Su fecha.
1992.
Las computadoras personales comenzaban a transformar la manera en que las personas trabajaban, se comunicaban y procesaban información.
Las imágenes digitales todavía parecían extraordinarias.
Internet, tal como hoy lo conocemos, apenas comenzaba a desarrollarse.
El archivo incluso especifica que las imágenes asociadas originalmente tenían resolución CGA de 320 × 200 píxeles, aunque ya se hablaba de versiones mejoradas. a_new_technique_for_viewing_the…
En ese contexto resulta más sencillo comprender el entusiasmo.
Si las computadoras podían convertir señales invisibles en imágenes…
¿qué más podrían revelar?
Quizá campos energéticos.
Quizá chakras.
Quizá fenómenos paranormales.
Quizá incluso algo relacionado con la conciencia.
El documento captura perfectamente esa frontera cultural entre tecnología emergente y misterio.
El valor de mantener dos preguntas abiertas
Al acercarnos a documentos como A New Technique for Viewing the Aura, es fácil caer en uno de dos extremos.
Aceptar cada afirmación porque resulta fascinante.
O descartar todo el documento porque sus interpretaciones no pertenecen al conocimiento científico establecido.
Existe una tercera posibilidad mucho más interesante.
Preguntar:
¿qué afirmaban haber observado?
Y después:
¿qué evidencia sería necesaria para demostrar que su interpretación era correcta?
El propio archivo proporciona una pista importante cuando concluye que todavía hacía falta “much more verification” del trabajo. a_new_technique_for_viewing_the…
Esa frase cambia la manera de leerlo.
No estamos ante la demostración definitiva de la existencia del aura.
Estamos ante el registro de un experimento y de las extraordinarias interpretaciones que sus responsables hicieron de él.
Y esa diferencia importa.
De las pirámides a una pantalla VGA
Tal vez por eso esta historia continúa resultando tan cautivadora.
Comienza con supuestos textos egipcios y una cámara perdida bajo Giza.
Pasa por Wilhelm Reich y la energía orgónica.
Continúa con detectores electrónicos.
Después aparecen Tesla, cámaras CCD y computadoras.
Y termina preguntándose si la misma tecnología podría fotografiar fantasmas, diagnosticar enfermedades o registrar el instante en que algo abandona el cuerpo.
Es difícil encontrar un documento que encapsule mejor cierta fascinación tecnológica de finales del siglo XX:
la esperanza de que una máquina suficientemente sensible pudiera convertir los grandes misterios espirituales en datos observables.
Treinta años después contamos con sensores incomparablemente más precisos, cámaras muchísimo más sensibles, inteligencia artificial y una capacidad de procesamiento que habría parecido imposible en 1992.
Y, sin embargo, las grandes preguntas siguen ahí.
¿Qué es exactamente la conciencia?
¿Existen fenómenos de la experiencia humana que todavía no sabemos medir?
¿Qué significa realmente observar algo?
¿Y cómo distinguimos una señal desconocida de la interpretación que nosotros mismos colocamos sobre ella?
Quizá ahí esté el verdadero valor de recuperar documentos como este.
No necesariamente porque hayan resuelto el misterio del aura.
Sino porque muestran hasta dónde estamos dispuestos a llegar para intentar hacer visible lo invisible.